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Ramón Feria

Textos escogidos

DEL LIBRO STADIUM

STADIUM

Pensemos quedarnos en la tierra.
Salvar el junco sin el viento.
No hay que pensar ya en la salvación de los
cuerpos
por las almas.
Tan sólo te sentirás alto subido a una montaña
y nada más que en aeroplano.
Un remolino de almas no son capaces de nada,
ni de elevar del suelo a una hormiga.
Preguntarlo si no a todos los muertos.
Yo, que me estoy moderando en el andar
y me asomo al extremo de todos mis dedos.

 

ORTO

Los árboles
desenvainan sables
a la mañana.
El cielo rojo,
sobre el monte,
cresta de gallo vivo.
En el río de chopos,
el agua carmín.

 

PAISAJE

La vereda,
cinta de polvo
mueve.
El río,
verga gris
acero.
El humo,
último fuelle,
estira.

 

TUS OJOS

Transparentes, de cristal.
¿Fuera o dentro?
Duros, de luz clara.
¿Hondos?
Estériles,
inanimados.
¿Se fueron o están?

 

OLAS

Con el mismo viento,
juntas todas,
al mar.
Sobre la arena,
cristalería frágil
de conchas.
Escamas del pez océano.

 

GABARRAS

Una tras otra,
fichas de damas,
negras.
Las quillas, hacen
panza y pierden
sus pechos.
Rameras
de parto negro:
carbón.

 

DEL LIBRO LIBRO DE LAS FIGURACIONES

PSICOLOGÍA DE LA INFANCIA

Yo he nacido cerca del mar; yo he nacido muy cerca del mar y mi infancia está llena de imágenes de airosos veleros. Y cuando cruzaba el mar alguna nave de vapor, ¡ah!, yo me entristecía por mis airosos veleros, que iban cada día siendo menos.

Pero ya no recuerdo, en los días de tempestad, la suerte de los airosos veleros, y hoy lo lamento, como lamento también no recordar si mi amigo se asomó a su mirador policromo, como otras veces, tan pronto cesó el huracán, dichoso de vernos y de que pronto cesaba la prisión en nuestras casas. No recuerdo si el día que no se asomó fue porque todos en su casa estaban muy tristes: el huracán se había llevado de la azotea el precioso pavo real.

Y no me lo dijo nunca mi amigo, aunque yo lo presencié todo con mis ojos, en tanto aguardaba que él saliera al mirador. ¡Oh, secretos de la infancia! Si él ocultaba su dolor, yo imaginaba aquel rodar y vuelo en colores de la pluma del pavo real, y tampoco le dije de aquel mediodía gozoso de mi infancia.

INTENSIDAD DE UN AMOR INSOSPECHADO

De pronto sus manos son aprisionadas en las muñecas por las de una mujer a la que nunca hubiera deseado amar. Le aprieta intensamente, con gozo y delirio tan natural, que los demás viajeros del “autobús” no se sorprenden. En el fondo es un iluso de aquel amor espontáneo y lo agradece, pero con hastío.

Después fue él, al bajarse, el que siguió a aquella mujer, que volvía la cabeza y encendía los ojos de gozo. ¡Oh!, qué condena por la pasión. La sigue, ahora, por un camino tajado en las rocas, junto al mar, azul intenso, violento en altas olas, y en el que, junto a la orilla, deposita un cuchillo, una media manzana y un hueso de ave, con dolor irresistible al abandonar todo aquello. Al llegar a un pozo hondo, prende por la cintura a aquella mujer, más baja que él, la que ahora amaba y poseía con una intensidad de muerte, y con tal pesar, que se abrió de súbito la tierra, en claridad, no de sol, sino de otro mundo que no había visto, acaso en estado de muerte ya.

ESPANTAPÁJAROS

El Vizconde de Buen Paso cazaba con antorchas en las noches septembrinas, rodeado de su jauría —le decía, con espíritu reflexivo, el campesino a un grupo de romeros acampados en su cerco de bayas de acebo—. Hay quien asegura que aves marinas; los más, los primeros nidos; yo, según entiendo, sus amores.

Una noche de ventisca se quedó sin tea para su antorcha, y el impío se alumbró con la cruz de un descarriado. Y la muerte se lo llevó, no así su figura. Desde entonces el Vizconde de Buen Paso se aparece, con su jauría, en aquel lugar de la cruz.

Los romeros, antes de la noche, se hicieron al camino. He aquí un caso para espíritus reflexivos.

LA IMAGEN EN SU LUZ Y PUREZA

La vieron mis ojos, en luz sin sol; no en vuelo serenísimo, desgajado, que deja savia y pluma. El cuerpo suave, los ojos en cristalizaciones cambiantes y el cuello sujeto por cabellera rubia, enlazada y diversa.

Casada en una tarde de automóviles sin línea e inseguridad del cielo, con un hombre al brazo que no sabe qué hacer con lo bello. Hombre así —pensaba—, que las aguas que beba témpanos sean en él; que la sangre de ella se hiele en sus labios; que le asalte dolor de infinito y enmudezcan sus palabras. Y vida, ¿para qué, si ya todo es pena?

La imagen siguió en la ventana, en el sueño; la luz, en cualquier asalto de vías y locomoción desesperada. La pureza, en el gris del cielo de sus bodas en presentes de oro y calvicie. La sigo viendo, amigo, ahora y siempre, no desconsolado; esperando, lívido, frío, tan de hielo, con la ventana abierta.

 

DEL LIBRO SIGNOS DE ARTE Y LITERATURA

[Introducción:]

Canarias no ha tenido en toda su Historia literaria una fuerte actitud que abarque en su totalidad todas las manifestaciones del arte y la literatura hasta llegar a este primer tercio de siglo. Lo precedente, qué duda cabe, ha sido álgido en individualidades —Cairasco de Figueroa, Viana, Viera y Clavijo, los Iriarte, Clavijo y Fajardo—; pero no como incorporación total, atmosférica y característica de la cultura atlántica y de una atracción mutua isleña operante que por primera vez va a tener España.

Nada ha hecho la literatura española —en especial la crítica— con toda esa plástica isleña (poetas del mar, prosistas, pintores, etc.), elementos físicos y psicológicos de una nueva personalidad.

Iremos a la Isla a indagar, desnudos, ese choque: unidad de hombre y unidad de tierra: isla; y luego esos tres escapes del hombre a-isla-do: tierra, mar, cielo. Y cómo estos elementos categóricos, siempre sucediendo, fundidos, actúan, y de qué modo, y cómo luego expresarlos.

[…]

[Noticia de la crítica literaria y artística. El ensayo y los estudios históricos:]

¿Se puede hablar de un movimiento de críticos verdaderos? Se puede hablar de crítica, pero no de espíritus críticos agudos y libertados; es decir, no se puede hablar de una crítica sustantiva. La crítica suele manifestarse en ocasiones, no ya en una fina exégesis, sino en relato que deriva en una digresión artística, masturbadora sutileza, y cuando no, y esto es lo más frecuente, en trasunto filosófico-periodístico, o más bien recargada de intenciones culturales. Ahora bien: hay que tener en cuenta que esto no es propio solamente de los escritores isleños, sino que afecta, excepto escasos nombres, a toda la nueva crítica literaria de España.

La crítica es uno de los géneros literarios que con más apremio precisa en España de una revisión.

****

Con respecto a la crítica literaria canaria, el que mejor define el movimiento de poetas, el “teorizante más severo —dice Agustín Espinosa— de la poesía canaria”, es Angel Valbuena Prat, que no es natural de las islas, pero que, como hemos dicho antes, se une al movimiento.

Agustín Espinosa, aunque no del todo crítico sustantivo, hace una crítica subjetiva recargada de simbolismos; que es todavía la más viviente preocupación por la actualidad literaria de las islas. Además, Agustín Espinosa es autor, en colaboración con un joven pedagogo, Ángel Lacalle, de una Antología de escritores españoles, finamente seleccionada, con juicio crítico que se aparta de toda repetición frecuente antológica. Con esa virtud tirante de toda excelente antología, al no petrificar en una sola muestra el autor incluido en ella, sino por el contrario, suscitando primores por adelantado.

Añadimos aquí nombres de críticos, algunos de los cuales se preocupan de la literatura canaria. Salvador Quintero: su producción literaria está casi toda en revistas y periódicos de la Península; fundador de la revista Extremos a que ha llegado la poesía española; además hace crítica de Geografía. Agustín Miranda Junco: con finos estudios críticos ayudados de digresiones míticas, en la Revista de Occidente. Un crítico de música, Wilpret, con sus aportaciones sobre música de los negros y el folklore musical isleño.

[…]

 

DEL LIBRO SSIGNOS DE ARTE Y LITERATURA

[Plástica:]

La plástica canaria acusa su personalidad contemporánea, atlántica, con un pintor: Néstor. Antes se debatían en una inepcia cerril y una falta de espíritu manifiesto. La pintura se recluye en el copismo y en el “aficionado”, que son los mayores enemigos de las artes plásticas. No tiene antecedentes insulares; no tiene en cuenta para nada manifestaciones, conatos de pintores sin logro, o con una producción circunscrita a temas religiosos. Nace con las nuevas manifestaciones de la pintura, sigue la sensibilidad de la época y sin apartarse de un modo autóctono que le caracteriza y que le da universalidad. Casi todas, por no decir todas, las tendencias pictóricas de principio de siglo y más recientes se han sabido asimilar por los pintores canarios. Puede decirse que está o pasa —excepto Domínguez— por ese estadio de rigorismo esquemático —Aguiar—, que diversifica su ensambladura cubista —Ismael, Monzón— y quiere aspirar a nueva determinación.

[…]

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