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Tomás de Iriarte

Textos escogidos

La Música

(fragmentos)

La continua experiencia nos demuestra
que el tono u el acento,
aun sin llevar medido movimiento,
ni sujetarse a riguroso canto,
tiene en el alma nuestra
tan activo poder, dominio tanto,
que persuade y conmueve
de un modo natural, fácil y breve.
Con él, aunque palabra todavía
no pueda articular el tierno infante,
dolor expresa, enojo, u alegría;
y el hombre, aunque se vea
en la región más bárbara y distante,
el lenguaje ignorando enteramente,
explica si desea,
si espera, teme, se complace ó siente.
………………………………………………..
Modo mayor, brillante y decisivo,
un compás señalado un aire vivo:
Por la gama diatónica dirige
más que por la cromática las voces,
haciéndolas resueltas y flexibles;
y antes sonidos fuertes y veloces
que delicados y durables usa.
Emplea frases cortas perceptibles:
Prolixas pausas con cuidado excusa:
La alegre melodía de la parte que canta
acompaña con varía sinfonía;
y aun la adorna con pasos de garganta,
que a una bizarra execución convienen.

 

FÁBULAS LITERARIAS:

El Gusano de seda y la Araña

(Se ha de considerar la calidad de la obra,
y no el tiempo que se ha tardado en hacerla.)

Trabajando un Gusano su capullo,
la Araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa,
muy propia de su orgullo:
“¿Qué dice de mi tela el seor gusano?
Esta mañana la empecé temprano,
y ya estará acabada a mediodía.
Mire qué sutil es, mire qué bella…”
El Gusano con sorna respondía:
“Usted tiene razón: ¡así sale ella!”

 

El Oso, la Mona y el Cerdo

(Nunca una obra se acredita tanto de mala
como cuando la aplauden los necios.)

Un Oso con que la vida
ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos pies.
Queriendo hacer de persona,
dijo a una Mona: “¿Qué tal?”
Era perita la Mona,
y respondiole: “Muy mal”.
—”Yo creo, replicó el Oso,
que me haces poco favor.
¿Pues qué? ¿mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?”
Estaba el Cerdo presente,
y dijo: “Bravo, ¡bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto ni verá”.
Echó el Oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí
y, con ademán modesto,
hubo de exclamar así:
“Cuando me desaprobaba
la Mona, llegué a dudar;
mas ya que el Cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar”.
Guarde para su regalo
esta sentencia un autor:
Si el sabio no aprueba, ¡malo!
Si el necio aplaude, ¡peor!

 

El Burro flautista

(Sin reglas del arte, el que en algo acierta,
acierta por casualidad.)

Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un Borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercose a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
¡Oh! dijo el Borrico:
¡Qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!
Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

 

El Asno y su Amo

(Quien escribe para el público, y no escribe bien,
no debe fundar su disculpa en el mal gusto del vulgo.)

“Siempre acostumbra hacer el vulgo necio
de lo bueno y lo malo igual aprecio:
Yo le doy lo peor, que es lo que alaba”.
De este modo sus yerros disculpaba
un escritor de farsas indecentes;
Y un taimado poeta que lo oía,
le respondió en los términos siguientes:
“Al humilde Jumento
su dueño daba paja, y le decía:
Toma, pues que con eso estás contento.
Díjolo tantas veces, que ya un día
Se enfadó el Asno, y replicó: Yo tomo
lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,
Piensas que sólo de la paja gusto?
Dame grano, y verás si me lo como”.
Sepa quien para el público trabaja,
que tal vez a la plebe culpa en vano;
pues si en dándole paja, come paja,
siempre que la dan grano, come grano.

 

El Té y la Salvia

(Algunos sólo aprecian la literatura extranjera,
y no tienen la menor noticia de la de su nación.)

El Té, viniendo del imperio chino,
se encontró con la Salvia en el camino.
Ella le dijo: “¿Adónde vas, compadre?”
—”A Europa voy, comadre,
donde sé que me compran a buen precio”.
—”Yo (respondió la Salvia) voy a China,
que allá con sumo aprecio
me reciben por gusto y medicina.
En Europa me tratan de salvaje,
y jamás he podido hacer fortuna”.
—”Anda con Dios. No perderás el viaje,
pues no hay nación alguna
que a todo lo extranjero
no dé con gusto aplausos y dinero”.
La Salvia me perdone,
que al comercio su máxima se opone.
Si hablase del comercio literario,
yo no defendería lo contrario;
porque en él para algunos es un vicio
lo que es en general un beneficio;
Y español que tal vez recitaría
quinientos versos de Boileau y el Taso,
puede ser que no sepa todavía
en qué lengua los hizo Garcilaso.

 

La mona

Hay trajes propios de algunas profesiones literarias
con los cuales aparentan muchos el talento que no tienen

Aunque se vista de seda
la mona, mona se queda.
El refrán lo dice así:
yo también lo diré aquí;
y con eso lo verán
en fábula y en refrán.

Un traje de colorines,
como el de los matachines,
cierta mona se vistió;
aunque más bien creo yo
que su amo la vestiría,
porque difícil sería
que tela y sastre encontrase.
El refrán lo dice: pase.
Viéndose ya tan galana,
saltó por una ventana
al tejado de un vecino,
y de allí tomó el camino
para volverse a Tetuán.
Esto no dice el refrán;
pero lo dice una historia,
de que apenas hay memoria,
por ser el autor mui raro;
(y poner el hecho en claro
no le habrá costado poco.)

Él no supo, ni tampoco
he podido saber yo,
si la mona se embarcó,
o si rodeó tal vez
por el ismo de Suez.
Lo que averiguado está
es que por fin llegó allá.

Vióse la señora mía
en la amable compañía
de tanta mona desnuda;
y cada cuál la saluda
como a un alto personaje,
admirándose del traje,
y suponiendo sería
mucha la sabiduría,
ingenio y tino mental
del petimetre animal.

Opinan luego al instante,
y nemine discrepante,
que a la nueva compañera
la dirección se confiera
de cierta gran correría
con que buscar se debía,
en aquel país tan vasto,
la provisión para el gasto
de toda la mona tropa.
(¡Lo que es tener buena ropa!)

La directora, marchando
con las huestes de su mando,
perdió, no sólo el camino,
sino, lo que es más, el tino;
y sus necias compañeras
atravesaron laderas,
bosques, valles, cerros, llanos,
desiertos, ríos, pantanos;
y al cabo de la jornada,
ninguna dio palotada:
y eso que en toda su vida
hicieron otra salida
en que fuese el capitán
más tieso, ni más galán
Por poco no queda mona
a vida con la intentona;
y vieron por experiencia
que la ropa no da ciencia.

Pero, sin ir a Tetuán,
también acá se hallarán
monos que, aunque se vistan de estudiantes,
se han de quedar lo mismo que eran antes.

 

De POESÍAS MÁS QUE PICANTES

La semana adelantada

Un tío enfermo y en edad anciana
casó con su sobrina (¡muy mal hecho!),
doncella alegre, joven y lozana,
pronta a cobrar el marital derecho.

Díjola el novio: «te prevengo, Juana,
pues vamos a estrenar el nupcial lecho,
que yo solo una vez cada semana
podré servirte en algo de provecho.»

Conformose la ninfa; y recibiendo
en singular aquel tributo frío,
repetía entre sí: «peor es nada.»

Mas llamando al anciano reverendo
le instaba humilde: «Vaya, tío mío,
siquiera una semana adelantada.»

 

Casado con tres mozas de Granada

Casado con tres mozas en Granada,
al mismo tiempo un picarón vivía:
La justicia mandó que castigada
fuese en un burro su poligamía.
Por las calles la plebe lastimada
preguntaba el delito; y él decía:
-Señores, me han sacado a dar doscientos…
¿Por qué? – Por frecuentar los sacramentos.

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